miércoles, 18 de julio de 2007

RODRIGUEZ ZAPATERO Y EL NUEVO IMPERIO ESPAÑOL

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Por Benjamín Castro

Para entender a Ebrard

RODRIGUEZ ZAPATERO Y EL NUEVO IMPERIO ESPAÑOL

El presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero es, probablemente, un buen hombre o al menos bien intencionado. Es hijo de un luchador antifranquista que murió asesinado por el régimen del "caudillo" sinarquista Francisco Franco. Al igual que Zapatero, muchos dirigentes políticos contemporáneos en España son profundamente antifranquistas y comprenden muy bien lo que fue el régimen impuesto a su país en los años 30s y hasta la muerte del dictador en 1975. Para deshacerse de ese régimen de la nobleza terrateniente y de los banqueros, los luchadores antifranquistas tuvieron que sacrificar principios, en el Tratado de la Moncloa y someterse a una dictadura económica, a la austeridad fiscal ordenada por los centros financieros con tal de obtener a cambio "la democracia", una democracia con monarquía o una restauración de la monarquía pero democrática.

Los círculos financieros de Nueva York y Londres, desplazaron del poder a la vieja casta terrateniente y a los sectores del ejército y la iglesia católica que estaban detrás del dictador. España fue tomada por las fuerzas de la "globalización" que Henry Kissinger representaba en aquello años en el gobierno de Richard Nixon. Ahora después de más de 30 años, la nobleza y la aristocracia española se han debilitado y ha cambiado de "look". Todos ellos son ahora globalistas y liberales hasta en lo sexual. Los viejos nombres de la oligarquía española están ahora en los consejos directivos de "empresas globales" como Iberdrola, Repsol, Gas Natural o los bancos como Santander, BBV etc.

Esa oligarquía es por supuesto "democrática", y apoyan el régimen parlamentario o "monarquía parlamentaria" que existe en España mientras que el programa económico no se cuestione. Por eso, el presidente del Consejo Superior de Cámaras de Comercio de España, Javier Gómez Garrido, le exige a Felipe Calderón que en México se establezca un "sistema fiscal estable y duradero que nos permitan evaluar los riesgos en nuestras inversiones, porque los cambios nos provocan nerviosismo". En España, como el resto de Europa, la política económica ha sido impuesta de manera permanente, tiene rasgo constitucional y ningún gobierno, sea de izquierda o de derecha puede cambiarla. Eso mismo exige para México estos empresarios españoles.

Rodríguez Zapatero por su parte hace una visita a México para promocionar la penetración a este país de las empresas del imperio español en el mismo. Viene representándolas a ellas y no a una nación, por eso dice: " Las empresas españolas, que son las mejores del mundo, de los sectores energéticos, telecomunicaciones, infraestructura, iniciaron ya en los primeros años de la década de los 90s, una apuesta estratégica por México". O sea, que desde el régimen de Carlos Salinas el nuevo imperio español decidió penetrar(se) a México. Por ello, explica el propio Zapatero, "nos hemos consolidado como el primer inversor de la Unión Europea en México y el segundo a nivel mundial, tan solo detrás de los Estados Unidos.". Como dicen los abogados; "a confesión de partes relevo de pruebas". Zapatero, un antifranquista de convicción, es globalista en lo económico, sirve al nuevo imperio español que saquea inmisericordemente a nuestro país como las viejas haciendas españolas de la colonia, y obtiene así las mas grandes ganancias en todo el planeta mientras nos mantienen atrasados, como país comprador de tecnología y de todos los adelantos, y productor únicamente de materias primas y, por supuesto, "atractivos turísticos". Ese saqueo es evidente cuando uno examina los números y las ganancias de empresas como Gas Natural o Iberdrola o las ganancias por comisiones y por el Fobaproa de bancos como Santander o BBV. En América Latina, el nuevo imperio español trabajo en sociedad con el imperio británico que opera a través del gobierno de Washington y que ahora tiene el nombre de "globalización". Los políticos antifranquistas de España como Rodríguez Zapatero están conformes con eso con tal y que estos nuevos imperios mantengan lo que ellos llaman "democracia", tanto electoral como de partidos.

El autor es miembro del Movimiento Internacional del economista Lyndon H. LaRouche.

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